Cuando se habla del transporte de mercancías en México, casi todo el peso recae en un solo modo: el autotransporte. Según la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) y datos publicados por la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR), más del 80% del volumen de carga terrestre nacional se mueve por carretera, dejando al ferrocarril, los ductos, el marítimo y el aéreo un papel complementario.
Detrás de esa cifra hay una industria fragmentada, profesional y estratégica: cientos de miles de operadores, decenas de miles de empresas y una infraestructura de carreteras federales y libramientos que conecta los principales centros productivos del país con sus puertos, fronteras y mercados internos.
1. Qué hace el autotransporte por la economía
El autotransporte de carga es un sector regulado por la Ley de Caminos, Puentes y Autotransporte Federal y supervisado por la SICT a través de permisos federales. Su aportación es triple:
- Logística: garantiza el flujo de insumos, productos terminados y exportaciones entre plantas, centros de distribución, puertos (Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Veracruz, Altamira) y cruces fronterizos (Laredo–Nuevo Laredo, Ciudad Juárez–El Paso, Tijuana–San Ysidro).
- Empleo: CANACAR estima en más de dos millones los empleos directos e indirectos vinculados al sector, incluyendo operadores, mecánicos, despachadores y personal administrativo.
- Aporte al PIB: la actividad del transporte y los servicios asociados aporta una proporción significativa al PIB nacional según las cuentas nacionales del INEGI.
2. Cómo está compuesto el sector
El autotransporte mexicano se reparte entre el servicio público federal (transportistas con permiso para mover carga de terceros) y el autotransporte privado (empresas que mueven su propia mercancía con flota propia, agrupadas en la Asociación Nacional de Transporte Privado, ANTP).
Dentro del servicio público hay dos perfiles muy distintos:
- Hombre-camión: pequeñas empresas o personas físicas con uno o dos vehículos. Constituyen la mayoría del padrón de transportistas.
- Flotas grandes y medianas: empresas formales con decenas o cientos de unidades, certificaciones (OEA, ISO, C-TPAT) y plataformas tecnológicas integradas.
Esa diversidad explica gran parte de los retos del sector: las prácticas, los niveles de profesionalización y la capacidad para invertir en tecnología varían enormemente entre los dos extremos.
3. Las cargas que importan
Por valor económico y por sensibilidad logística, las cargas con mayor relevancia para el autotransporte mexicano son:
- Productos manufacturados: autopartes, electrónicos, electrodomésticos y bienes industriales producidos en el Bajío, Nuevo León, Chihuahua, Coahuila y la zona metropolitana.
- Alimentos y bebidas: abarrotes, lácteos, cárnicos, cervezas y bebidas no alcohólicas distribuidos a nivel nacional.
- Productos químicos y petroquímicos: insumos industriales con corredores propios desde el sureste (Veracruz, Coatzacoalcos) hacia el centro y norte del país.
- Carga de exportación e importación: mercancía que conecta con puertos y fronteras, sujeta a regulaciones aduaneras (SAT) y a programas de cadena segura.
4. Tres retos estructurales del sector
a) Seguridad
El robo al transporte de carga se mantiene como uno de los principales delitos contra el sector productivo. Asociaciones como CANACAR y la ANERPV publican reportes periódicos que confirman la persistencia del problema, especialmente en los corredores del centro del país. Esto ha impulsado la profesionalización de los servicios de custodia física y la adopción masiva de monitoreo satelital.
b) Renovación de la flota
La edad promedio del parque vehicular sigue siendo alta. La renovación enfrenta retos de financiamiento para los operadores pequeños y exige inversión sostenida para cumplir con la NOM-068-SCT-2 (revisión físico-mecánica) y las metas ambientales del país.
c) Operador y capital humano
El sector enfrenta una escasez estructural de operadores calificados, un fenómeno reportado también a nivel internacional. Las certificaciones, capacitaciones y condiciones laborales (incluyendo el cumplimiento de la NOM-035-STPS sobre riesgos psicosociales) han pasado al primer plano de la conversación.
5. Lo que viene en 2026
Tres tendencias dominan la agenda del sector en 2026:
- Digitalización fiscal: la versión vigente del complemento Carta Porte del CFDI obliga a documentar el traslado de bienes de forma electrónica, conectando al transportista con el ecosistema fiscal del SAT.
- Nearshoring: la relocalización de manufactura desde Asia hacia el norte de México añade presión y oportunidad para el sector, especialmente en los corredores que conectan con la frontera de Estados Unidos.
- Cadena segura: la combinación de custodia física, candado electrónico y plataformas digitales (como Kustek) se consolida como estándar para operaciones de mediano y alto valor.
En síntesis, el autotransporte de carga sigue siendo el motor del comercio mexicano. No solo mueve la mercancía: sostiene empleos, conecta regiones y se está reinventando con tecnología y profesionalización. Para las empresas que dependen de él, conocer cómo opera el sector es el primer paso para tomar decisiones logísticas inteligentes.
Fuentes: Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR), Asociación Nacional de Transporte Privado (ANTP), Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Ley de Caminos, Puentes y Autotransporte Federal y normas oficiales mexicanas aplicables al sector.